Siento que hemos quedado un poco huérfanos de expresiones culturales integradoras, es entrañable cómo se vivenciaban las rondas y la música que componía la gente antiguamente, como hasta los años 50, cuando con la desintegración del medio rural y el aluvión de influencias externas, se produjo un desaire, un menosprecio de esas manifestaciones culturales ignorando el sentido que tenían en la construcción de la estructura vital de la comunidad. Eso me hizo recordar un término que parece no cuajó pero que a mí me sedujo, la democratización cultural, que quería reclamar que la cultura dejara de venir de fuera para nacer de dentro, crear una cultura que nos coloque en el centro, nos integre y nos armonice que nos ofrezca alegrías y no exigencias y exprese nuestra propia manera de ser y estar en el mundo.
En un reportaje grabado en la provincia de Segovia (qué maja la gente de Segovia!) una señora comenta «entonces no había tanto anis, ni tanto coñac…». Las conductas compulsivas son una muestra de nuestra insatisfacción, de la desidia inherente a no saber “de haber saboreado” el ciclo de la vida y la maravillosa paz de la que disfrutamos.
Por suerte vivimos un tiempo de bonanza y tenemos tiempo para pensar en esto, hay opciones a nuestra disposición para cubrir este vacío, he experimentado el gran poder de la música y los colores o las imágenes para evocar estados y movimientos; Mr Gaga, coreógrafo israelí creador del movimiento Gaga explica «muchas veces cuando bailo conecto con fuerzas femeninas, fuerzas que crean una disposición tanto para ceder como para explotar, para la delicadeza como para la agresividad, todo a la vez«…. estas fuerzas están al alcance de cualquiera, la neurodanza, la biodanza o la danza del vientre, son actividades maravillosas para reconectar con nuestro potencial creativo. La danza y la música nos permiten recrearnos, dar a luz nuevos aspectos propios que nos acerquen a nuestra verdadera identidad, nuestra comunidad necesita de esa identidad y de esa creatividad.
-Logroño, 22 de febrero 2018
-Adriana Labarta